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EN NOCHES DE ECLIPSE DE LUNA

mayo 1, 2012

Un hombre completo caminaba por la calle desierta, en lo alto del cielo había empezado una eclipse total de luna. Al final de la calle venían dos cuartos de hombre, alegres, gritando, al parecer ebrios, pasaron por su lado y uno de ellos empezó a insultarlo. El hombre completo trató de ignorarlos, pero los dos cuartos de hombre, de repente lo atacaron. El se defendió. No por ser aquellos dos cuartos de hombre eran iguales: el uno era bien flaco y el otro muy, muy pequeño. El hombre completo empezó a ganar la pelea, dando puñetazos y patadas certeras, pronto, los dos cuartos de hombre se vieron superados, entonces empezaron a lanzarle piedras al hombre completo, quien ante el novedoso ataque empezó a huir. En su carrera vio que se acercaba un sujeto de tres cuartos de hombre pero no sabía si era amigo suyo o no, porque aquí, si alguien no era tu amigo, entonces era tu enemigo, y en este caso lamentablemente para él, era lo segundo. A estas alturas pelear contra dos cuartos de hombre y un sujeto de tres cuartos de hombre representaba una diferencia considerable, el hombre completo empezó a perder; trompadas en plena boca, patadas en las costillas, lo arrinconaron entre el vértice de una pared y una reja. Los agresores igual estaban cansados y parecía que por un rato, todos querían descansar un poco. De pronto apareció alguien que por fortuna era su amigo: un medio hombre, que pareció entender la situación inmediatamente y se lanzó a la defensa de su amigo. La pelea se reanudó, mientras el eclipse de luna seguía desarrollándose. Ahora la luna estaba totalmente sumergida en el cono se sombra producido por la tierra y su imagen se tornaba rosácea por la inflexión de la luz o por cualquier otra razón científica que parezca absurda mientras no sea poética. El combate se extendió casi hasta el final del eclipse. Agotados y jadeantes, con sudor y sangre en sus rostros la pelea acabó con el final del eclipse. Entonces se abrazaron entre todos y siguieron festejando con vino de luna, riendo y burlándose de ellos mismos. Estas cosas y otras más sucedían en las noches en que la luna era eclipsada por completo.